Introducción: qué une a un Sorio con otro Sorio
Este es un proyecto sobre un apellido. No sobre mi familia en sentido estricto —de ella sé lo mismo que cualquiera sabe de la suya: un puñado de generaciones nítidas, dos o tres más borrosas, y después el blanco. Es un proyecto sobre una palabra de cinco letras que llevo encima y que comparto con algunos miles de personas dispersas por el mundo.
Cómo empezó: un desvío en coche
Me llamo Mauro Sorio y vivo en Villafranca di Verona. Hace algunos años, por pura casualidad, me encontré pasando en coche por una pequeña aldea entre las colinas de la frontera entre Verona y Vicenza. En el cartel estaba escrito Sorio — mi apellido. Un poco más adelante, una antigua residencia rural llevaba el mismo nombre: Villa Sorio. Hasta ese momento nunca había oído hablar de aquel lugar, a pesar de estar bastante cerca de mi casa. Un pueblo que lleva tu apellido y del que no sabes nada: era la señal más clara de que había una historia por descubrir. De aquel desvío nació la curiosidad; de la curiosidad, la recopilación de documentos — y de esa recopilación, al final, este sitio.
Durante mucho tiempo me pregunté si este proyecto tenía sentido. La respuesta honesta es que depende de lo que se busque. Si el objetivo fuera encontrar un antepasado común a todos los Sorio, tendría poco sentido, porque ese antepasado común no existe: el apellido se formó en distintos lugares de manera independiente, en épocas diferentes, por razones diferentes, y en algunos casos —como ocurre con los Sorio de Filipinas— llegó por una vía que no tiene nada que ver con la genealogía, sino con un decreto colonial español de 1849.
Si en cambio el objetivo es entender cómo se formó una palabra, cómo se propagó, cómo se cruzó con la historia de lugares concretos y de personas concretas, entonces el sentido aparece con claridad. Y quizás —esta es la hipótesis que he decidido seguir— resulta incluso más interesante que un árbol genealógico tradicional.
Una palabra, muchos destinos
Lo que me sorprendió desde el comienzo de la investigación fue lo poco que los Sorio tienen en común entre sí:
- Cristoforo Sorio, que en 1468 firma un contrato sobre el cultivo de la Garganega en un campo de Gambellara.
- Giuseppe Sorio, viajero vicentino nacido en 1663, que se hace bajar dentro de una mastaba egipcia en 1707 y describe Constantinopla a un amigo, precursor de la Ilustración.
- Bartolomeo Sorio, filólogo dantista oratoriano nacido en Verona en 1805, discípulo de Antonio Cesari, dedicado a la edición de textos medievales.
- Leandro Sorio, nacido en Brescia en 1899, anarquista, antifascista, enviado al confinamiento en las Tremiti, luego partisano en la Resistencia bresciana.
Y después están los Sorio de Filipinas, que son miles. Los Sorio de Brasil, que descienden de un puñado de emigrantes vénetos entre 1880 y 1920. Los Sorio de España, que tienen raíces ibéricas autónomas. Wilson Sorio, futbolista brasileño. Ileana Chiappini di Sorio, estudiosa moderna de historia del arte. Angiolino Maule, viticultor natural en las laderas del Monte Sorio, cuyas botellas llevan escrito un topónimo que también es un apellido y que, en el fondo, es también el nombre de una vieja iglesia rural dedicada a San Jorge.
Lo que une, de verdad
Al alinear todas estas historias, uno se da cuenta de que lo que las une no es el parentesco biológico, ni tampoco la geografía, ni la clase social. Si buscara un denominador común, tendría que remontarme a una iglesia rural del siglo XII consagrada a San Jorge. Desde allí, de algún modo, una palabra —Sanctus Georgius → Zorzo → Sorio— se puso en marcha.
Una palabra que camina desde hace nueve siglos y que ha atravesado vidas que no tienen nada en común salvo, precisamente, esa palabra. Y sin embargo, esa palabra despierta curiosidad. No revela un origen único, sino que pide ser explicada. Cuenta muchas historias superpuestas. Y es justamente esta multiplicación la que vale la pena contar.
Qué encontrarán en estas páginas
El proyecto está organizado por niveles de profundidad. Cada sección los guiará a través de un aspecto específico de esta investigación:
- El origen: una parte etimológica que reconstruye cómo desde el latín Sanctus Georgius se llegó al apellido a través de los dialectos vénetos.
- Los lugares: una sección toponímica que identifica todos los lugares llamados Sorio. Descubrirán la aldea de Gambellara, la Corte Sorio en San Giovanni Lupatoto y el escenario de la batalla del Risorgimento.
- Las personas: una parte biográfica dedicada a los Sorio históricos de los que se conserva memoria documental.
- La difusión: un análisis sobre cómo están distribuidos los Sorio hoy, partiendo del origen del apellido hasta su dispersión global.
Una nota personal
No soy historiador de oficio. Este proyecto nace de aquel desvío casual — una curiosidad privada que, por el camino, se fue convirtiendo en algo más estructurado. He intentado trabajar con honestidad, cruzando viejos blasonarios del ochocientos con archivos digitalizados.
Preguntarnos de dónde viene una palabra que llevamos encima es una manera de reconocer que somos parte de algo que ya estaba ahí antes de nosotros y que continuará después. Aunque ese algo sea apenas un sonido heredado por azar, que compartimos con personas que nunca conoceremos.
Quizá sea este, al final, el sentido del proyecto: no encontrar antepasados, sino reconocer que los tenemos, y que esta palabra es una pequeña herencia que vale la pena mirar a la cara.
Buena exploración.
Mauro Sorio